domingo, 6 de agosto de 2017

S4. Actividad 2: Metodología y fuentes



En el siguiente escrito se describe puntualmente los pasos que siguió Sherlock Holmes para llegar a las conclusiones que expuso y por qué fueron distintas a las elaboradas por Scotland Yard.
Empecemos por el principio. Llegó a la casa libre de toda clase de impresiones. Empezó por examinar la carretera y descubrió las huellas claras de un carruaje, deduciendo que éste había estado allí en el transcurso de la noche. Por lo estrecho de la marca de las ruedas se trataba de un carruaje de alquiler. Luego en el sendero del jardín descubrió las fuertes pisadas de los guardias, pero también la pista de dos hombres que habían pisado primero el jardín. Los visitantes nocturnos habían sido dos, uno de ellos notable por su estatura (lo calculó por la longitud de su zancada) y el otro elegantemente vestido, a juzgar por la huella pequeña y elegante que dejaron sus botas. Esta última deducción quedó confirmada al entrar en la casa, allí yacía el hombre bien calzado. El asesinato lo había sido cometido por el individuo alto. El muerto no tenía en su cuerpo herida alguna. Cuando le oliscó los labios al muerto percibió un leve olorcillo agrio, llegando a la conclusión de que se le había obligado a ingerir un veneno. Dedujo que le habían obligado a tomarlo por la expresión de odio y de temor que tenía en su rostro.
A continuación se le presentó el gran interrogante del móvil. Éste no había sido el robo, puesto que no le habían despojado de nada. Tampoco de política, lo mediaba una mujer era de tipo privado. Al descubrir en la pared la inscripción Raché, estaba demasiado claro que aquello era una venganza. El anillo le sirvió al asesino para obligar a su víctima a hacer memoria de alguna mujer muerta o ausente. Al llegar a este punto fue cuando preguntó a Gregson sobre el telegrama a Cleveland sobre la vida anterior del señor Drebber.
Procedió a escudriñar con mucho cuidado la habitación, y el resultado le confirmó opiniones respecto a la estatura del asesino, y le proporcionó los detalles adicionales referentes al cigarro de Trichinopoly y a la largura de las uñas. Al no ver señales de lucha, llegó a la conclusión de que la sangre que manchaba el suelo había brotado de la nariz del asesino, debido a su emoción. Pude comprobar que la huella de la sangre coincidía con la de sus pisadas, por ello aventuró la opinión de que el criminal era un hombre robusto y de cara rubicunda.
Cuando salió de la casa procedió a realizar lo que Gregson había olvidado. Telegrafió a la Jefatura de Policía de Cleveland, circunscribiendo una pregunta a lo relativo al matrimonio de Enoch Drebber. La contestación le informaba de que ya con anterioridad había acudido Drebber a solicitar la protección de la ley contra un antiguo rival amoroso, llamado Jefferson Hope, y que este Hope se encontraba en Europa. En ese momento había ya llegado mentalmente a la conclusión de que el hombre que había entrado en la casa con Drebber no era otro que el mismo cochero del carruaje. Las marcas que descubrió en la carretera le demostraron que el caballo se había movido de un lado a otro de una manera que no lo habría hecho de haber estado alguien cuidándolo. El cochero estaba dentro de la casa. El asesino era el cochero, pues si alguien quiere seguirle los pasos a otra persona en sus andanzas por Londres, qué mejor medio que adoptar el hacerse conductor de un coche público.
Todas estas consideraciones lo llevaron a la conclusión de que a Jefferson Hope habría de encontrarlo entre los aurigas de la metrópoli, y que seguía trabajando de cochero, no había razón de suponer que hubiese dejado ya de serlo, cualquier cambio repentino podría atraer la atención hacia su persona. Tampoco había razón para suponer que actuase con un nombre falso en un país en el que éste no era conocido por nadie. Por eso organizó su cuerpo de detectives vagabundos, y los hizo presentarse de una manera sistemática a todos los propietarios de coches de alquiler de Londres, hasta que huronearon dónde estaba el culpable. Todo constituyó una cadena de ilaciones lógicas sin una ruptura ni una grieta.

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